¡Mi niña roja!
¡Mi Santa Poderosa!
Te suplico en esta hora oscura:
toma estos tres claveles rojos,
esta foto de
(di su nombre),
estas lágrimas mías.
Despierta en su sangre un deseo ardiente,
que solo piense en mí día y noche,
que me busque como sediento busca el agua,
que me necesite como el aire para respirar.
Juro compartir este milagro tuyo
con otros devotos que sufren de amor.
¡No me falles, Santita querida!
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