¡Oh Santísima Virgen María, Madre nuestra!
Tú eres nuestra Señora de la Gracia que concebiste a nuestro salvador.
Tú eres nuestra Consolación que nos abrazas en nuestros sufrimientos y penas.
Tú eres nuestro Buen Consejo que nos guías, sin cansarte, para elegir el Camino de la perfección.
Tú eres nuestro Socorro ante la ceguera que nos separa de la Luz.
A ti te acudimos y te suplicamos que no dejes de mirarnos.
¡Madre de Dios!
Danos valentía para decir sí a la voluntad divina.
Danos tu confianza para abrir los ojos del alma y abandonarnos al plan perfecto de nuestro Padre.
Danos tu entrega para abrazar al prójimo en su dolor y fatiga.
Danos tu fe para seguir a tu Hijo en su llamada a la santidad.
Danos tu generosidad para servir, sin demora, a nuestros hermanos más necesitados.
Danos tu sencillez para acoger al Espíritu Santo con amor y ternura para parecernos cada día más a ti, realizando la voluntad de Dios en nuestras vidas.
Amén.
Santa María del Bosque.
Ruega por nosotros.
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